Anunciación de Gabriela

Anunciación de Gabriela
 
En su casa de Montegrande, sentada junto a la ventana,
Lucila lee los Salmos en una Biblia vieja y ajada.
La Biblia es la abuela de Lucila, Lucila es un salmo de alabanza.
 
Lucila contempla pensativa la tarde que enrojece la montaña,
entonces comprende en un suspiro
que la montaña es algo más que la montaña.
 
Lucila ensimismada ve la rosa que se despliega y engalana
y en un instante intuye que la rosa,
más que una rosa, es el perfume que ella exhala.
 
A orillas del río Elqui, oye las piedras que cantan
y en un santiamén entiende que el río corre sin pies
y sin tener boca, habla.
 
Por fin la sorprende el Ángel con la cabeza en la almohada
y le sopla muy bajito para que nadie oiga en casa:
 
"Gabriela te llamarán, de laureles coronada.
Tu verso se elevará más alto que la montaña
y los huérfanos vendrán a jugar sobre tus faldas.
Tú serás la rosa mística, doliente y apasionada.
Tú serás la rosa herida que el río Elqui moja y baña.
De los poetas de América, tú serás la rosa heráldica".
 
Y Lucila contestó: Hágase en mí según tu Palabra.