Alejandra del Río

Santiago 1972

Ha escrito los libros de poesía El Yo Cactus (1994), Escrito en Braille (1998), Material Mente Diario (2009), Dios es el Yotro (2010), Llaves del pensamiento cautivo (2015) y Dramatis Personae (2018). Autora de los libros infantiles Un forastero en el panal (2004) y El club de la tinaja (2004). Es especialista en terapias expresivas.

No he conocido el hombre de sangre que me haga feliz
solo el hombre de libros me ha puesto contenta
establemente contenta

Cuando se despeñó
lo hizo porque yo crecí
hasta alcanzar las ramas más altas
el más alto trino
la más larga cabellera

Es curioso el hombre de libros
a veces se divierte apareciendo como hombre de sangre
me confundo
le doy a las cosas la forma y el brillo que no tienen
poesía que no puede hablar de sí misma y miente

Ay hombre de libros
tienes el defecto de no secretar olor
no puedo hincar la nariz en tus recovecos
no puedo tragar tu aliento

En mi vida no he conocido
hombre de libros que me haga feliz.

Fúndalo para que calcen tus pies el cosquilleo de las estrellas.
Recoge a tu paso el sabor de sus ciudades
la palabra confusa de sus caminos
y hazte fabricar un traje que te lleve dentro.

Dale a tu país el fruto extraño de una bandera
pues toda esquina merece un ícono
de madera o de metal o del viento de los peregrinos
para que pregonen en las historias un suelo hecho de parches.

Alimenta tu país y da posada al sediento y al vacío
con la vastedad de tu propio cuerpo
siempre estarán brotando recodos desconocidos
gestos de hambre y jirones interrogando
la permanencia de cada segundo, de cada certeza, de cada caricia.

Mantén a los sabios abocados en la tarea de habitar y descifrar
los brazos, las calles y las piernas
los ríos de mieles amarillas, el pájaro carnicero de la boca
y por supuesto el ojo que en cada cosa apoza su marca
el ojo que de cada plaza jamás se marcha.

No edifiques cementerios y confíate duradero pues en tu país
la vida hace pagar caro todo instante recuperado de la muerte.

Y levanta tu país como una torre en el exacto lugar del llanto.

¿Puedo acaso llamarte verano?

Eres más hermosa y más templada
tu espalda no conoce el dar consuelo
con mano fina te antepones al abrazo
y sonríes como a punto de revelar secretos

Una línea devoró tus curvas:
soy demasiado honda cuando me derramo
esas flechas que me lanzas
se parecen a los sueños
una niebla que envuelve y se aleja
después de marcar con frío las murallas

¿Puedo compararte a un día de verano?

Llamar calor a la ceguera
de juntarme y esquinarme
en un hueco tuyo, inverosímil

Tan pequeña eres que te confundo
con una rodilla mía o un perfil de oreja

¿Por ser verano quizá puedas encenderme?

Pero eres más hermosa y mucho más templada
cuando caigo sobre ti como hojas amarillas.