Angélica Panes

Santiago 1986

Ha publicado Lud mía (2011) junto al poeta Alexander Correa, Barro (H)otel (2012), Barro (2014) y Este pasar de cosas (2015). Actualmente desempeña labores como profesora de educación media y genera libros inclusivos.

Mirábamos por televisión aquellas palmeras que se doblaban
como si fueran apenas de un material blanduzco, de goma, pensábamos.
Mirábamos como la gente corría a empalizar sus ventanas
una lluvia que les daba de costado y en volandas.

Alcanzábamos a ver sus caras, sus cuerpos húmedos y friolentos
esmirriados seres sorteando el vendaval.

Imaginábamos como el monzón que habitaba nuestros más
oscuros temores
se llevaba el techo de la casa, el zinc resquebrajando el silencio
del pasaje y los vecinos admirados de aquel concierto inesperado

y peligroso el voladero de techumbres.

Las cortinas acomodándose al rumor del viento
que empuja, que golpea floreros, galopa sobre las puertas

que hace perder el rumbo a las aves que entran confusas
por las ventanas de par en par abiertas

gritan las niñas de alegría y miedo ante un mirlo de alas enredadas
pechito agitado, nudo enloquecido, bestiario de los días.

COMO UN TEMPORAL adentrase y sabe que el retorno es una posibilidad inexistente. Qué viene ahora entonces, se pregunta. Qué será el dolor ahora, la soledad ahora. Adentrase como un vendaval que arrasa techos apenas provistos de sus materiales esenciales y salen disparados al silencio irrefrenable de la tarde. ¿Está lloviendo? Una luz blanquecina adentrándose en su corazón de piedra. Unos días como jugando a la vida en común. Pura lluvia torrencial. Viento empedernido en sacar pesados, viejos árboles de cuajo. Así el amor en los días venideros.