Armando Roa

Santiago 1966

Poeta, traductor, narrador y ensayista. Ha publicado los poemarios Ejercicios de Filiación (2010) y Shakesperean Blues (2013), y los ensayos Elogio de la Melancolía (2008) y Otras Orillas (2013). Además, ha traducido a William Shakespeare, Robert Browning, Ezra Pound, Thomas Hardy y John Berryman, así como poesía anglosajona medieval. Ha recibido el Premio de la Crítica de Chile en poesía (2001) y traducción (2018), así como el premio Pablo Neruda (2002).

Alprazolam en dosis no especificada

Ese desgarro
en la musculatura de la palabra,
la pestilencia de tanto sentimentalismo pomposo,
la proliferación de tanto nódulo retórico,
sargazos podridos para un naufragio total
en la horma descalza del lenguaje,
y todo por desafiar al silencio,
al silencio que insiste, bisturí en mano,
haciendo caso omiso de las profanaciones
de la filología, las gramáticas y los diccionarios,
al silencio que busca otros labios donde abrevar,
al silencio que hace polvo al polvo
fuera de elocuencia de escaparate,
tráfico descalabrado de lo esencial:
que la muerte otorga al callar
que el amor aborrece terminologías
que el poema enmohece si no enmudece.

Que la música sea esmerada como el olvido,
aflojando la tristeza de cuanta muerte
se arrastre todavía sobre mi pista de baile.
Y nada de nostalgias encaramándose a las paredes:
que las notas apuren toda mi vejez
junto a estos ventanales,
abrevaderos del amanecer.
Mi alma da tumbos
entre una indolente llovizna de voces
que dejan caer sus sonidos sobre el pavimento de mi vida,
mi vida fronteriza que porfía por renovar de luto.
¿Será ya hora de un remanso?
Digo: ¿podré abandonar este cuarto
o deberé permanecer aquí una temporada más,
rasgueando el mástil de mi contrabajo,
adaptando “Jesús alegría de los hombres”
a “Purple Haze” de Jimmi Hendrix,
concertando el desconcierto,
el pulso apremiante de una nota que se agolpa
como un telegrama urgente, sin remitente,
una nota que se niega a ensordecerse en el silencio
aunque ya no pueda armonizar con nada?
Punto y contrapunto: sea ésta mi marcha triunfal
sobre el dudoso pentagrama de mi vida,
que la muerte se despide de soltera
y me reclama a su lado, ahora que ya no busca
un competidor más peligroso.