Bruno Cuneo

Valparaíso 1973

Poeta y académico del Instituto de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ha publicado los poemarios Verano (2005), Jahuel (2017) y traducciones de Philip Larkin, Guillaume Apollinaire y Charles Baudelaire. Desde el año 2001, dirige la revista Pensar & Poetizar, y desde 2013 edita la obra literaria del cineasta Raúl Ruiz.

La casa ideal es de un solo piso
con un breve antejardín
y un patio interior blanco.
En él hay un parrón
un ciruelo y un manzano.
La casa ideal tiene también un gato
negro, de pelo corto
que duerme durante el día en el sofá
y sale sin objeto por la noche.
La cocina de la casa ideal es pequeña
con una batería de cobre y otra de aluminio
una mesa de madera blanca
una jarra para el vino y otra para el agua.
Su ventana mira al mar
pero jamás lo muestra en pleno:
sólo una ola que se azota contra un peñasco
la silueta de un barco bajo la resolana
y cuatro boyas a lo lejos. La casa ideal
es una estructura, un amasijo de palos
vuelto coherente, una línea vertical
y otra horizontal, la casa ideal es una casa.

[i. m. Gordon Matta-Clark]

La casa la partió en dos
como quien parte una sandía
y de ese rojo intraducible
forja el recuerdo de su infancia
o la terrible visión de un desesperado
a punto de saltar de una ventana
su hermano mismo, por ejemplo,
o la tristeza de ser pocos en el velorio
y ver al padre llegar molesto y atrasado
como quien asiste por obligación
a una fiesta de disfraces.

La gente especula densamente ahora
sobre los conceptos de su arte.
Yo, en cambio, solo veo a un hombre afanado
con una sierra, con un taladro
tratando de completar la demolición
de la casa primordial que le destruyeron.
Cada uno tiene sus razones, y yo también tengo las mías
tengo también mi grieta, mi propia Casa Usher
algo escondido bajo las tablas y reencontrado
por casualidad y con un poco de vergüenza
los deseos que pude consumar con esta moneda vieja
una fotografía ridícula y una carta destemplada
que guardo con el temor creciente
de que puedan fundir el álbum.

Lo que me gusta en todo caso de esta obra
no es tan solo su aire de alegoría
de la disociación de la conciencia familiar
con todos sus traumas, secretos y pudores,
sino el modo en que por un acto violento y simple
el interior oscuro fue puesto también al descubierto
de manera que los fantasmas
no tienen ya dónde esconderse
y puedes fumar tranquilo, si te place,
o soñar con otras cosas
tanto si duermes en el sillón
como si miras distraído por la ventana
imaginando un lugar al fondo
donde quizás puedas llegar
y por fin levantar algo.