Bruno Montané

Valparaíso 1957

Poeta chileno. Residió en México entre 1974 y 1976. Desde 1976 vive en Barcelona. Ha publicado El maletín de Stevenson/El cielo de los topos (2002), Mapas de bolsillo (2013), Setanta-set poemes (2013). En 2018 se publicó su Poesía reunida (1979-2016).

El programa de la poesía tiembla
en su profunda y frágil condición.
Las sentencias se adelantan, pero no por ello
se cumple con el magma de la propuesta
que pende del mismo e inacabable hilo de fuego,
la cadena de aire caliente de las sintaxis
que se deben a su propia respiración,
necesidad y movimiento.
Ése es el sueño de las aplicaciones futuras,
un sueño práctico como el saco de las brujas,
un sueño laborioso como la chaqueta metálica
de los poetas que sólo han empezado a sonreír
después de comprender las enseñanzas del abismo.

Primero debemos contradecirnos
luego temblar y, más tarde, sacar conclusiones.
El ensayo habla sobre lo que prometía la razón
y su terrible encanto, el orden deseable
que lucha contra la violencia de los privilegios.
La fuerza de la profundidad que anota el color
de los latidos sentidos en la palma de la mano.
El sistema euclidiano y la expansión fractal,
las súmulas desempolvadas que no nos salvan
del viejo suicidio inducido.
Primero hay que recordar y luego asumir
la muda sapiencia de la luz de los días.
El ensayo final es el recurso del exiliado interior:
volver los bolsillos del revés
es parte de la silenciosa tarea.
No tenemos nada, nada nos pertenece,
pero seguimos fieles a la cordura.
Sócrates, Hildegard Von Bingen
y Pascal se dan la mano.
A lo lejos el cielo ruge.

Hay visiones, rostros, gestos flexibles
calculados en la noche centrífuga.
Sus lentos o vertiginosos esbozos
se suceden como la química de la tinta
y la luz en el vértice modesto y genial
de los retratistas y fotógrafos.
Las imágenes se deben al ritmo
del aliento y a su modo de variar
el sistema de los hallazgos,
la intensidad de sus miradas.
Rostros que hablan y muestran
su natural proclividad por la palabra
y sus innumerables debilidades,
por la muerte y su impensable lógica.
Retratos que la vida y la inteligencia
repiten hasta encontrar
la incombustible cifra
y su humana perfección.