Galo Ghigliotto

Valdivia 1977

Escritor, ingeniero agrónomo y magíster en literatura. Creador de la editorial Cuneta y director general de la Furia del Libro. Ha publicado los libros de poesía Valdivia (2006), Bonnie&Clyde (2007), Aeropuerto (2009) y Monosúper (2016), sus cuentos en A cada rato el fin del mundo (2013) y las novelas Matar al Mandinga (2016), ganadora de los Juegos Literarios Gabriela Mistral, y El museo de la bruma (2019). Ha traducido a Violette Ailhaud, Daniel Borzutzky y Antonin Artaud, entre otros.

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esas luces que se ven bajo el río
son las fiestas que se hacen a bordo del Canelos
estamos todos invitados
yo quería llegar y estuve a punto de no hacerlo
un nacimiento en la época incorrecta
es el riesgo que se corre
al reencarnarse en contra del sentido del tiempo

mi ojo se desliza por un hilo de agua
va a caer sobre el sonido de violines
entonando una canción sentimental
el agua está iluminada de colores porque la fiesta
nunca acaba en el fondo del río

el Canelo es un aplauso
los muertos estamos contentos
hemos venido de todas la épocas
a bailar sobre una cubierta enmohecida
por escamas que son ojos mirando al vacío

estamos festejando que por falta de tiempo
nos hemos tomado los espacios espectrales
para cumplir algo que todavía existe
y si vienes a pasear tu lancha sobre nosotros
sobre esas luces que parecen desaparecer
debes saber
que los fantasmas sentimos vergüenza ante los vivos
porque apenas somos aficionados a la vida
y dejamos nuestros sueños como volutas en el aire
para que cuando ustedes respiren fuerte
aparezcan nuestros rostros mientras duermen
y se enamoren de nosotros
porque aunque no nos reconozcan
confiamos en la memoria del genotipo
y te habrás enamorado de quien será tu hija
porque la viste bailando en la cubierta del Canelos
vestida de una bufanda de estrellas

el Canelos y los fantasmas
incómodos en el olvido
cantamos un guión de colores
para ser proyectado en la hoja de un día
en la hoja de un día que se llama Valdivia

30

en una laguna del parque Saval
flotan las hojas de loto en las que
nadie sabe
al envés están escritas las vidas de la gente de Valdivia
son los secretos que susurraron los extintos
desde el fondo del río
es cosa de saber leer suspiros en las nervaduras
nadie lo sabe a mí me lo dijo ella
mientras tirábamos al río
las piedras que los muertos escupirían
en la noche a ser estrellas
me lo dijo con los ojos que ya no estaban
donde nadie podía meterse porque
no eran ya de cristal
pero destellaban como el sol sobre el río
mientras la tarde era un ruido de pastos secos
agitándose en la pradera
mientras la ciudad de Valdivia
se olvidaba de un niño y una niña muerta
que sellaban el pacto de escribirse en las hojas de loto
del parque Saval
los secretos que a alguna hora
tendrían tiempo de contarse
en otro lugar bajo otro sol
sobre otro suelo frente a otro río
sobre otro destino