Jimena Cruz

Coyhaique 1978

Gestora cultura con estudios en Literatura Creativa. Dirige la colección de libros de la SCD y estudia Literatura Comparada.

Postergas a voluntad nuestro encuentro
inventando nuevas y excitantes aventuras
cada mujer que –azarosamente– descubres
te hace pensar que podría ser tuya y llamarla como tal al acabarse la tarde gustoso usarías la espada en nombre de tu señor
su casta y la gloria
podrías olvidarme en cuanto ella tendiera su mano

La corona
Los jardines
Los salones
El dorado
Y todo lo imaginable
La crueldad de mi cuerpo

Parí diez veces con el dolor primitivo que heredé de la serpiente una marejada de fiebre
la apertura prodigiosa de caderas
el torrencial sangrado y el placer de la inmortalidad.

Soy Leonor, duquesa de Aquitania, Reina de Francia y Reina de Inglaterra fui educada como un hombre
leer, escribir, cazar y las artes de la guerra.

Tengo un castillo con mi nombre bordado en las toallas
arqueología de recuerdos
leerte es sentir que me tocas en la oscuridad, es invocar almas antiguas Las armas y Las letras
y una ciudad amurallada que de noche se ilumina

Soy Leonor y padezco la miseria de pertenecer a un solo hombre
o a dos
inventé el amor para ser libre
me enardecen las camisas y las armaduras
el roce de tus manos sobre la ropa y tu lengua adentro de mi boca
me paso la tarde imaginando que me la mete cada hombre que me dirige la palabra

En 1147, Bernardo de Clevaral convocó con santas intenciones, una segunda cruzada armado con el poder y la insaciable ambición que su dios le obsequió.
El inexperto rey decidió unirse al ejército, y Leonor, su mujer, acompañarlo.
Algunas obedientes damas imitaron a la reina.
La expedición fue un completo fracaso.
La excusa para justificar el monumental gasto de recursos materiales, económicos y humanos, fue atribuida a la onerosa compañía femenina.

En Antioquía, Leonor aprovechó de reunirse a solas con su tío Raimundo costumbre de un siglo especialmente inmoral, la consanguinidad no limitaba las pasiones. Luis padeció arrebatos de furia, mientras Leonor gozaba de las delicadezas del adulterio
único, firme y salvaje y bendito amor