Miguel Ángel Hernández

Maracaibo 1983

Poeta venezolano. Licenciado en Letras (Zulia) y magíster en escritura creativa (Nueva York). Ha publicado la plaquette Cotidiano (2010), Un decir errado () y ¡Oh, lorem ipsum! (2013). Recibió una mención especial en el Concurso de Poesía Delia Rengifo (Caracas, 2011) y ganó el Concurso de la Casa de las Letras Andrés Bello (Caracas, 2013). Reside en Santiago de Chile.

TODO ESTABA BIEN: había cervezas de todos los colores, whiskey destilado magistralmente, mujeres que susurraban mi nombre, comida abundante, playas cercanas, compartíamos poemas al margen de las fiestas y la noche acogía nuestras caminatas y nuestro cansancio.

Todo estaba bien, aunque fuera una mentira, aunque estuviera marcado por la ingenuidad y el miedo.

Todo estaba bien
hasta que dejó de estarlo.

Desde entonces odio el verano.

SUPERCROWN CERRÓ, Routine cerró, Blind Barber cerró (en Lorimer St.), Hops & Hocks cerró, Covert cerró, Secret Project Robot lo hará en dos semanas, The Undercover Dream Lovers se mudó a Los Ángeles, Josephine regresó a Baltimore, Krista se fue a Georgia, Liz ya no está en Variety, Luisa volvió a Oporto, Alana abrió su barbería en Greenpoint, Kyle se fue a Clinton Hill, Joe se fue a Ridgewood, Courtney solo me regaló algo de psicodelia turca, Astoria cambió de ecosistema el verano de 2017 y la verdad es que nadie sabe qué hacer con la línea L.

Al final, toda mi energía se iba en recorrer zonas industriales con ventanas hechas pedazos y cielos grises a pesar del verano, ver bandas en pequeños bares, intentar reunirme con los pocos amigos y rebotar sin control entre Left Hand Path, The Three Diamond Door, Molasses y Birdy’s.

La ciudad me lo advertía: vete.

Sin saberlo ya era parte de una nueva mudanza.