Marcela Parra

Temuco 1981

Marcela Parra (1981) ha publicado Silabario, mancha (2008) y Ambulancia (2010). Obtuvo el premio Enrique Lihn del Concurso Nacional de Arte y Poesía Joven (Universidad de Valparaíso). Ha sido traducida parcialmente al inglés y alemán. Es también compositora e intérprete musical. En 2016 lanza su primer disco Astronautas en la playa. Se ha presentado en escenarios en Chile, Colombia, España, China y Portugal.

Hacia el poniente de mi pieza se extiende una línea recta es una línea de tiempo. De ella se desprenden barcos, navegaciones interoceánicas, los cuatro viajes de Colón.

Una fecha a mano alzada marca el día de mi nacimiento.

Aún no puedo deshacerme de esa línea. Tampoco sé por qué uno a uno se han quebrado los vasos de esta casa y pasamos horas viendo películas pirateadas desde el cine, tomando té en tazas sin orejas, en tazas sordas hasta que no sabemos si es de día o si es de noche y si no es de día ni de noche, entonces dónde estar.

Nunca permanecimos despiertos hasta los créditos y ni las paredes ni el techo pudieron salvarnos de eso. Al n, el parpadeo azul en nuestras caras es más rápido que lo visto por los párpados cerrados. Nuestras narices dormidas reflejarán todos esos ruidos, esos ronquidos azules que con sueño, parecen no tener dueño.

Una fecha a mano alzada marca el día de mi alumbramiento. Mientras dormimos, esa línea viaja por nuestra casa, como un cordón que amarra el futuro de los amigos. Nos separaremos un día, sí, pero será mentira.

Yo sé que al despertar voy a volver triste, metiendo la mano en el bolsillo y comprobando que lo gasté todo en despedirme. Ya no tendré amigos, pero aún podré buscar alguien más viejo, para sentirme más joven, alguien más joven, para sentirme más vieja y no saber si se es joven o se es vieja, eso es parecerse al atardecer.

Una fecha a mano alzada marca el día de mi entierro. Para entonces, todos los muertos pasarán a existir en la memoria de sus deudos, hasta que sus deudos pasen a existir en la memoria de sus deudos.

Y lo del miedo al atardecer será sólo una marca de nacimiento.

Sweets are the coins of children.
Those that are small and of little value
those that are useless for their parents, that inside their tiny pockets
are slices of abundance.

The story goes that there was a time
when the smallest coin bough something sweet
and with a few coins in you palm
you could enter the Kingdom of Full Pockets
which were delicious eternal vaults.

But now those are coins to buy nothing
without amassing a handful.
Children by themselves can no longer fill their pockets
and so they gather together to attain a bunch of coins
or those items they used to get for one cent.

Some kids may march, others occupy a building
or set a trap to catch a tourist
in a blind alleyway. And if they don’t
the boogie man eats them all.

Traducción al inglés: Erin Stagg.