Rafael Rubio

Santiago 1975

Doctor en literatura, ejerce como académico. Ha publicado los siguientes libros: Arbolando (1998), Madrugador tardío (2000), Luz rabiosa (2007), Caudal (2010), Mala siembra (2013) y Viernes santo (2019). Obtuvo el Premio de poesía Pablo Neruda (2008).

La mesa está esperando la comida.
No vienen los eternos comensales.
Se está quedando sola y aburrida
mirando los oscuros ventanales.

Hay una sopa triste que se enfría.
No hay rastros de la abuela, ni señales
del padre o de la madre o de la tía.
Del hijo no se sabe. Desleales.

Se fueron quizás donde. Así es la vida.
La mesa mira sillas irreales.
Se está quedando sola y aburrida
mirando los oscuros ventanales.

Qué te has creído. El metro con más sílabas. La lira con más cuerdas. El muerto con más velas, la noche con más ojos. Estás más rallado que charango de gato, que puerta de casa pobre. Vives de la memoria de tu padre, del talento de tu abuelo, de la misericordia de tu madre. Al alero de la casa familiar, como un marica, como un gato de chalet. Te lo dijo tu ex esposa: vales menos que el sueldo mínimo. Talibán de la métrica. Como si la poesía fuera el arte de contar con los dedos. Haces lo que ya hicieron hace siglos los viejos carcamales de la forma: el vergón de Garcilaso, el narigón de Góngora, el putero de Quevedo, el orate de San Juan.. Pero sin gracia, sin talento, sin el mínimo sentido de la musicalidad, ni del decoro. Una vergüenza. Arbolando: una mierda. Luz rabiosa: un gargajo. Mala siembra: un esputo en la raja de Calíope, la tuerta. Qué manera de lucrar con la muerte del padre, de sacar dividendos de la desgracia ajena. Deberías morir trágicamente, para inspirar respeto entre tus pares, que ven en ti, por el momento, a una espléndida amenaza sin futuro. Reaccionario, formalista, parido por el culo por Arteche, por Hahn, por David Rosenmann. Como te dijo tu madre: te faltan cuatro chauchas para el peso, se te escapan los enanos para el monte, a chuzos se te llueve la azotea. Te solazas publicando tus versículos, para la indiferencia de todos y de nadie, con una asiduidad que causa espanto. Y tu vida familiar: una blasfemia. Tu ex esposa te dejó por mal poeta, por no saber encabalgar un verso, por no saber cortar bien las estrofas. Despotricas contra la vanidad, pero hablas de ti mismo el día entero. Deberías morir trágicamente. Pero prefieres esta vida de ratas, a una muerte con vítores y honores. Se te apagó el fogón de un aletazo. Vives de las migajas arrojadas por un cura de Patria y Libertad, que alabara tu sentido del ritmo, tu dominio de la aliteración, tu destreza en el corte de los versos. Con qué orgullo, por dios, con qué soltura de raja, con qué raja de cielo por la cara. En El Mercurio te tienen por santo. Te han visto con el diablo varias veces. Últimamente se te ve de ida, con la cara en la raja, con la raja en las manos. En las ojeras se te ve la pena. Yo que tú le hago caso al loco Lira. Nadie lamentará lo que se pierda. En Chile se venera a los suicidas.