Teresa Calderón

La Serena 1955

Poeta, cuentista y novelista. Entre sus publicaciones de poesía destacan: Causas perdidas (1984), Género femenino (1989), Imágenes rotas (1995), Aplausos para la memoria (1999), El poeta y otras maravillas (2000), Obra Poética (2003) y Elefante (2008). En narrativa destacan Vida de perras, Amiga Mía y Mi amor por ti, así como una serie de novelas infantiles. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, sueco, italiano, alemán y portugués, y ha sido compilada en más de treinta antologías. Ha recibido numerosas distinciones, como el Premio Pablo Neruda (1992).

Tú serás el plato que deseo
adobado y agridulce.

Te cocinaré a fuego lento
como hacemos las brujas.

Después de saborearte
lameré tus huesos uno a uno
quedarán limpios
y podré hilar mis collares
y mi escudo de guerrera.

Un elefante entrenado
Puede aprender en pocos meses
A expresar en lengua coreana

No
Gracias
Perdón.

Presionando un poco
podría enseñarnos algún secreto
de su humanidad.

*

Un elefante sabe lo que sabe
está en su código ancestral
forma parte de sus derechos humanos.

Un humano no revela enigmas.
Los guarda en su hermético egoísmo.
No respeta siquiera la ley de la selva.

*

Un elefante
lleva luto por sus parientes
presenta reacciones dramáticas
ante el cadáveres de otro elefante.

Respeta huesos y restos
de otros ejemplares de su especie.
Un elefante no necesita patio 29

Cuando reconoce un cadáver de elefante.
regresa sistemáticamente
a investigar los huesos y colmillos
regados por el camino.

Un elefante siempre visita
los huesos de sus parientes.

*

Un elefante
se retira a la selva
resuelto a encontrarse consigo mismo
a solas
sin un dios me lo dio, dios me lo quitó
y sin el acompañamiento
del duque de Borja (Borgia)
cuando Felipe II le puso el encargo
de presidir el funeral de una reina
(una de las 4 mujeres que el rey más amó).

Entonces él, un duque enamorado de su reina,
vio en el camino

cómo se descomponía la belleza en el ataúd.
Por eso dijo:
“nunca más servir a señores que son de este mundo”.

Tomó el hábito, dejó atrás al galán,
y se convirtió en san Francisco de Borja.